¿Cuándo va a venir el agua?

¿Por qué no trasvasamos este bien, hacia donde se necesita? Tan simple como eso. O tan difícil como nos lo quieren hacer ver otros.

Juan Diego Borrero

Juan Diego Borrero, profesor de la Universidad de Huelva (UHU).

Hace ya unos 20 años escuchaba esta voz del agricultor en las Jornadas Técnicas Agrícolas de algún que otro pueblo de nuestra comarca. La pregunta se ha ido repitiendo a lo largo de los años hasta parecer una súplica.

Porque nuestra agricultura necesita el agua para subsistir. De todos es sabido que el agua es un recurso escaso que debemos gestionar adecuadamente: ¿Acaso nuestra agricultura no lo hace? Podemos (y debemos) mejorar, pero pocos sistemas agrícolas son tan eficientes en el uso del agua como los regadíos onubenses.

Desde una agricultura de secano hemos ido virando hacia una agricultura intensiva y de regadío que ha dado, y sigue dando, muchas alegrías a la economía onubense. Con una planificación adecuada (entiendo que impulsada por administraciones y políticos; también por universidad y empresas) se puede desarrollar un sistema agroalimentario sostenible y con un enorme potencial de crecimiento. Pero necesitamos agua.

Ser agricultor es un modo digno de ganarse la vida. Como lo es también para miles de personas, que limitadas en capacidades y oportunidades, trabajan en el campo. Pero necesitamos el agua.

También somos conscientes que la demanda de agua continuará aumentando como consecuencia de la urbanización, los estilos de vida y las infraestructuras turísticas. Esto provocará competencia entre los distintos tipos de usuarios.

Si el recurso es escaso y la demanda alta, el agua debe tener un precio. Un precio adecuado y justo, sin que este deba juan diegoser, forzosamente, un precio de mercado; aunque tampoco sirva para remunerar una gestión deficiente. Pero “ese es otro tema”. El que ahora nos ocupa es que necesitamos agua para nuestra agricultura. Sería un gran problema si no hubiera, pero no es nuestro caso. En Huelva tenemos agua suficiente para todos. Solo tenemos que trasvasarla desde donde es excedentaria hacia donde es deficitaria.

No cabe duda de que el agua es un bien natural. Bien, en cuanto satisface necesidades (bien de consumo, bien de producción, o bien ligado a la calidad de vida); natural en cuanto existe en la naturaleza y es esta la que lo proporciona a través del conocido ciclo del agua, que es un ciclo cerrado, en el que su masa permanece constante. El agua pasa de ser un bien natural a ser un bien económico cuando ofrece suficiente grado de regulación, de acuerdo con el correspondiente tipo de aprovechamiento.  ¿Por qué no trasvasamos este bien, hacia donde se necesita? Tan simple como eso. O tan difícil como nos lo quieren hacer ver otros. Solo es cuestión de planificar con cierto sentido. Y tener de nuestro lado a unos políticos con sentido común. Y que de verdad quieran ayudar.

El problema de las concesiones y trasvases tiene su peculiaridad administrativa, técnica, económica, geoestratégica y política. ¿Cuál de ellas es la que sigue bloqueando la disponibilidad de este preciado recurso para la agricultura de regadío del Condado?

¡Agricultores, alzad vuestra voz! Que la súplica de ayer se convierta en una orden hoy. ¡¡Agua ya!!

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