Cumpleaños, Los “QUINTOS”.

A veces me pregunto por los de mi “QUINTA” de Bonares: ¿Cuántos quedamos?. ¿Vivimos este último tramo de nuestra vida con la verdadera filosofía de nuestra edad?

desde galilea

CUMPLEAÑOS

Antonio Martín Carrasco, sacerdote de Bonares.

Antonio Martín Carrasco, sacerdote de Bonares.

Los “QUINTOS” en Bonares son como una verdadera Institución. Yo y mi quinta cumpliremos en el próximo año 2016, 82 años. A veces me pregunto por los de mi “QUINTA” de Bonares: ¿Cuántos quedamos?. ¿Vivimos este último tramo de nuestra vida con la verdadera filosofía de nuestra edad?. Es decir: ¡contentos y en felicidad!. Nosotros somos los niños que hemos vivido dos guerras y dos postguerras. Sabemos como se sortean todas las necesidades de aquellos tiempos de escasez de comidas y ropas. Hemos vestido muchas ropas con remiendos. Cada uno podría contarle a nuestro pueblo, ahora tan prospero, que quizás nuestra niñez, sin tantos ordenadores ni móviles ni adelantos, fuese más alegre que la actual. Era un tiempo en el que nuestros QUINTOS no se unían junto aquel “paso pobre” de la Santa y que aún no se identificaban como “LOS QUINTOS DE HOY QUE LLEVAN ESE EXTRAORDINARIO PASO”, ni se asociaban como lo hacen ahora.

Casi todos cumplieron con el obligatorio servicio militar. Luego donaron sus vidas creando una familia, sabiendo donarse a los suyos, como lo hicieron siempre los buenos bonariegos, y encontrando la mejor madre para sus hijos. Y me pregunto de nuevo: ¿Todo eso les hizo felices para vivir este último tramo de nuestra historia? ¿Hemos descubierto que no lo dimos todo, como préstamo, para luego recobrarlo, sino para aceptar ahora satisfechos la soledad de la vejez?. El antiguo filósofo Ovidio nos recuerda: “que en la vejez se siente el abandono de quienes más nos debían”. No puede concebirse la vejez como una época fácil de nuestra vida. La “sabiduría” decía Cicerón no basta sólo adquirirla, es preciso usarla.

Yo me considero “QUINTO”, entre mis QUINTOS que quedamos, y vivo esa filosofía o sabiduría de la vejez, es decir, contento y muy feliz al cumplir el día 25 de Febrero, mis 82 años, fuera de mi pueblo, de mi casa, de mi provincia, de mi patria. Me he donado yo también pero de otra forma: consagrando mi vida libremente por el Evangelio, que no sólo me he dado 45 años como párroco en nuestra provincia, sino prestando mis servicios además como Administrador de Seminario… como Arcipreste, dándosela a los más pobres, etc. También la he dado como Misionero en Extremadura y en tres naciones americanas y, con el tiempo que llevo en Galilea, serán 13 años los que completan esa donación, y esto lo hice libremente. Decía Jesús: “Mi vida no me la quita nadie, la doy YO”. Así ha sido en la mía propia y sigo creando una familia espiritual numerosa. Ya decía en otra ocasión la frase de Dios a nuestro padre Abrahán: “Tu descendencia será tan numerosa como las estrellas”. Cuando pasan por aquí esos grupos de Chile, Perú, México… me recuerdan esa paternidad. Ellos al verme me recuerdan, pero para mí es imposible recordarlos ¡Son tantos! y ahora aquí en Tierra Santa, me llaman como Padre Antonio, porque de otra forma soy padre. Por eso les digo a mis QUINTOS que la felicidad está en “no vivir para si mismo”. Y por eso me figuro que ellos, los que quedamos, vivirán felicísimos si supieron donarse, compartiendo esa felicidad con la madre de sus hijos, como yo la comparto a esta edad con “la Iglesia, Esposa de Cristo”, en la que actúo en su persona como esposo, ¿quién es esta Esposa? Son todos los acogen la Buena Noticia del Evangelio. Nunca he sido un Sacerdote soltero o solitario sin donarme a la Iglesia. Ahí está el secreto que analizo para que mis QINTOS recobren la felicidad, si la perdieron, viviendo la verdadera felicidad en la soledad y el encanto de la vejez.

Decía el Papa Francisco hablando de la VEJEZ que “hay que recuperar la pertenencia a la propia historia y esto significa recuperar el respeto. Puede ayudarnos a reflexionar un poco sobre el respeto la misma palabra que viene del latín ”re-spicere”, (mirar dos veces). Cuando se nota la presencia de un ANCIANO, cuando se le busca para pedirle consejo, cuando se le imita y nos centramos en el respeto ante los demás, mirándolos en la relación: abuelos-padres-hijos… esdonde mejor se muestra si el anciano ha superado la crisis de esa sabiduría de la vejez o si ha huido de ella”.

Pero hablándole el Papa a los Sacerdote en su vejez, en la relación con los más jóvenes, a los que se tienen como hijos, es donde la «respetabilidad» no puede ser fingida: “Existe en los jóvenes, dice él, una especie de sexto sentido, “ante los amores” que hace que descubran a algunos Sacerdotes, les respeten y los sientan cercanos, les traten con cariño, se les busque y se les pida consejo, se les abra el corazón en confesiones y dé gusto sentarse a su mesa”.

Esta, podía ser esa filosofía de felicidad de la que le hablo a mis QUINTOS. Entonces no importa dejar pueblo, casa, provincia y patria, o vivir en soledad en la casa de siempre. Sin pensar mal de los hijos, como abandonado por ellos. Ellos deben tener sus vidas, las que tú les has dado. Si verdaderamente te donaste, entonces habrás encontrado el verdadero sentido de la vida y de la felicidad. Si solamente tu vida la has administrado para tu propio provecho, en la VEJEZ no se tiene nada que transmitir y si pierde el sentido de esa filosofía que da tanta felicidad, vivirás amargado. Es perderse en un momento negativo para la vida.

La vejez es tiempo de la verdad porque fuimos creados para la vida. Es la felicidad de olvidar lo superfluo. De lo malo salen los bienes en la antesala de la muerte. Es una fuerza verdadera. Es una fuerza para los otros. Es una riqueza para todos, aunque para el materialismo sea una carga. Su ausencia sería ruinosa para el mundo. Es tiempo de despedida, de hacer el bien, de santidad. Nos queda el orgullo de que ningún momento de nuestra vida haya sido inútil ni para los hijos ni para los demás y si se trata de un cristiano, sin esa felicidad, no has descubierto al Dios, que muy pronto nos reclamará la vida, para seguir viviendo tanta felicidad en plenitud, junto a Él, para siempre.

DESDE GALILEA

Antonio Martín Carrasco

Sacerdote de Bonares

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