Invertir en Democracia y Conocimiento.

¿realmente, existe algo más sensato que invertir en Democracia y en Conocimiento? Creo que no.

invertir en conocimientos.

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Schumpeter

Schumpeter

Escuchando con atención la entrevista que el maestro Herrera le hizo el pasado día 10 a Luis Garicano con motivo de la presentación del libro que coescribe, “Recuperar el Futuro. Doce propuestas que cambiarán España”, me reafirmo en el hecho de que la política económica, más allá de decisiones fundamentadas en complejos modelos econométricos de predicción tan estériles por la realidad de sus hipótesis de inicio, como artificiales, se fundamenta en el sentido común.

Garicano, probable nuevo ministro español de Economía, argumenta su libro en dos pilares fundamentales, a saber, la regeneración de la estructura institucional del país, y la inversión en una educación de calidad.

En el primer pilar concreta entre otras medidas, la eliminación de duplicidades en la Administración Pública, la supresión de las Diputaciones provinciales, del Senado, incluso la de mancomunar Ayuntamientos. En definitiva, reducir el costoso tejido adiposo de la administración pública, y en la medida que éste se reduce, reducir también las malas praxis nepotistas vinculadas a él, seguramente más costosa que aquel.

Respecto al segundo pilar, alude a la necesidad de crear el mejor sistema educativo del mundo, con ideas tan anglosajonas como que las universidades han de competir entre sí por los mejores alumnos, docentes e investigadores, porque gran parte de su financiación dependerá de su éxito en la colocación de sus productos en los respectivos mercados, ya sean alumnos en el ámbito laboral, innovaciones productivas en el empresarial, o publicaciones en el científico.

Se trata de reducir el gasto improductivo del Estado, e invertir en la Ciudadanía.

La entrevista, más allá de un valor propagandístico y electoral evidente, me ha hecho reflexionar, ¿realmente, existe algo más sensato que invertir en Democracia y en Conocimiento? Creo que no.

Lamentablemente, para muchos de nuestros gestores políticos, el sentido común ha sido el menos común de sus sentidos, sobre todo desde bien entrada la última década, donde se ha generalizado infames transgresiones al respeto de los recursos públicos, al dinero de todos. Ejemplos tenemos de todos los colores y siglas, desde infraestructuras innecesarias realizadas, por y en beneficio, de empresas afines al ideal gobernante, al rescate del sistema financiero por la administración desleal de amiguetes en las cajas de ahorros, desde las veleidades del proceso secesionista catalán, a las tramas tristemente conocidas como la de los EREs fraudulentos, la Gürtel o la del 3 %.

De igual forma que los políticos, los ciudadanos tampoco muestran, tampoco mostramos, inequívocos indicios de sensibilidad respecto al patrimonio común. Cuestiones tales como el trabajo, o compras en B, en las reparaciones de albañilería, en los servicios de hostelería, de dependencia, de limpieza del hogar, en los idiomas o en las clases particulares, en los alquileres de pisos o garajes, etc., o las relativas a los abusos en los subsidios o prestaciones de desempleo, quizá sean las más conocidas. Pero no sólo éstas merman las arcas públicas, también el consumo excesivo de medicamentos, las bajas laborales de dudosa calificación, el abuso de la estimación objetiva o régimen de módulos, etc, constituyen un verdadero expolio al erario público. Hay muchos ejemplos, demasiados, nada desconocidos en Bonares, y desde luego, nada desconocidos para el resto de municipios del país.

Nosotros, los ciudadanos que se nos llena la boca exigiéndole responsabilidad al político, hacemos dejación de la nuestra, de nuestros deberes cívicos. Le exigimos diligencia al gestor, y eso está muy bien, pero también deberíamos mediante los mecanismos puestos a nuestro alcance, tales como la denuncia al infractor, evitar tales prácticas, y atender nuestra responsabilidad cívica.

Cuántos de nosotros, por evitar la enemistad de quién está robando recursos públicos, de quién nos roba a nosotros mismos en definitiva, no hemos hecho caso omiso a aquel deber, a la vez de que nos hemos quejado de que el político de turno no hace nada por resolver tal, o cual conducta. Ya es hora de dejar el cinismo, y de ser coherentes.
Es por ello que insisto, ¿existe algo más sensato que invertir en Democracia y en Conocimiento?

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