Pobre discurso, demasiado photoshop, para el candidato del Siglo XXI.

Ya avisé hace dos entradas de las piruetas inverosímiles, y de los triples saltos mortales sin red desde el trampolín, que se avecinaban, en definitiva de ese político deambulando por los platós de televisión a la voz de “Maripurri, ¿tú me has llamado?”.

pablo iglesias el hormiguero

.

Schumpeter

Schumpeter

Curiosa época estamos viviendo en la política. Época del marketing, de la supremacía de la imagen sobre el discurso, y sobre el programa. Los medios de comunicación, y las redes sociales, están siendo descaradamente utilizados por la clase política como instrumento de propagación de empatía hacia el votante. Lejos parecen quedar aquellos mítines multitudinarios, con personajes de renombre, y sus discursos estructurados y coherentes. Ahora lo que mola es la empatía de lo intangible.

Intangibles como la ilusión, la sensación de justicia económica, moral, de pureza inmaculada contra la corrupción, de proximidad al ciudadano, a sus problemas, a sus vivencias, de respeto a la legalidad vigente, al orden democrático, al constitucional, al internacional, etcétera, se nos proyectan a diario por multicanal. Es publicidad más que subliminal para un electorado que pasa la mayoría de sus horas diarias pegado a una pantalla, ya sea a un smartphone, a una tablet, a un portátil o a una televisión.

Imposible abstraerse, y esto los gabinetes de campaña de los partidos lo saben.

Un simple tweet de dos líneas sobre un tema candente del candidato de turno de un partido, puede fijar su posición política en pocos minutos, incluso puede llegar a más adeptos que toda una entrevista realizada en la primera cadena de televisión en horario de máxima audiencia. ¿Os acordáis de aquel “No a la guerra. Pásalo.”?. Pues sí, creó escuela.
Sinceramente lo entiendo, la sociedad y la forma de comunicarnos en ella, ha cambiado, pero lo que no tiene justificación son las payasadas y deméritos varios, de todos los candidatos sin excepción.

 

El lunes pasado, no pude sino sentir cierto pudor, cierta vergüenza ajena, por la forma en que Albert Rivera usaba descaradamente el programa de entretenimiento el hormiguero para, no sin esforzarse, trasmitir a los televidentes, una sensación de ilusión, y pulcritud frente a la corrupción. Curiosamente, varios días después de que ya lo hiciera Pablo Iglesias, el centinela de la democracia y la justicia social, y pocos días después de que la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, se lanzara a balilar, al estilo desenfadado de Iceta, la sintonía del programa. Reconozco que Pablo Motos contribuye a la crítica política, lo mismo que Heidi al porno duro, esto es, nothing de nothing, y que su cometido es otro, el del entretenimiento, pero de verdad, ¿toda esta sobreactuación es necesaria?.

Y hablando de Iglesias, el actual Presidente de la nación, el que por la ocupación del cargo no ha dispuesto de tiempo material para preparar junto con sus competidores el debate a cuatro, don Mariano, contraprogramaba la aparición de líder actual de la oposición en la primera cadena, nada más y nada menos participando en la narración radiofónica de una jornada de champion league del Real Madrid en la cadena COPE. Dándole collejas a su hijo, pues se ve que su hija desapareció. Esto es buenísimo. ¡Viva el fútbol y las mujeres!, que diría Manolo Escobar.

Pedro-Sanchez-Bertin-Osborne-

Por último, Pedro Sánchez, con la colaboración del acogedor sofá de Bertín Osborne, nos hablaba más de lo humano, que de lo divino, no sólo disputándole el sex appeal al jerezano, sino que también haciendo un recorrido personal en el ámbito formativo y laboral, luchando por conseguir un share televisivo que reactive su electorado, y que lo catapulte a la Moncloa. Sinceramente, he de reconocer que logró que me identificara con él, si bien también he de reconocer que yo nunca fui ningún casanovas. Porca miseria.

Ahora veo que me quedé corto. Debí pensar que la realidad termina superando siempre a la ficción, y que la política no es ninguna excepción.

Pobre discurso, y demasiado fotoshop, para el candidato del siglo XXI.

 

Deja un comentario.