Un pueblo sin barreras.

Tristemente nadie está libre de la enfermedad o del accidente, pero cerramos los ojos o miramos para otro lado.

barreras arquitectonicas

 

Indalecio Iglesias Romero

Indalecio Iglesias Romero

La vida transcurre sin sobresaltos, nada perturba nuestra existencia, pero un día todo cambia, un pequeño accidente, una enfermedad que anduvo siempre agazapada en nuestro cuerpo, nos da un abrazo y nuestros ojos que ayer nos mostraba un paraíso de colores ya no puede iluminar la oscuridad, nuestras manos con las que podíamos transformar el mundo ya no se mueven, no nos ayudan, se quedan quietas y las piernas con las que ayer podíamos recorrer todos los caminos hoy son una carga que a ningún sitio nos llevan.
Solemos pensar, los que caminamos que somos diferentes a los que no pueden hacerlo, que nuestras piernas serán siempre ágiles, que nunca seremos como esos “discapacitados” que en nuestra marcha dejamos atrás.
Cuando vemos cómo se comportan aquellos cuyas cabezas no se rigen como las nuestras, muchas veces pensamos que no deberían estar donde estamos nosotros, los “normales” los que gozamos de unos derechos que no disfrutan los que más los necesitan.
Tristemente nadie está libre de la enfermedad o del accidente, pero cerramos los ojos o miramos para otro lado y dejamos que quienes tuvieron la mala suerte de ver disminuidas sus facultades, se las arreglen como puedan, pero podíamos hacer tanto por los más débiles, que los llenaríamos de alegría sin esfuerzo por nuestra parte.
Muchas veces las personas con minusvalías dejan de serlo si desaparece el obstáculo que hacia evidente su discapacidad, si quien necesita una silla de ruedas para desplazarse, se encuentra unos escalones en su camino, necesitará ayuda para subirlos y muchas veces desistirá y dará la vuelta, cuando esto ocurre con demasiada frecuencia, la depresión es inevitable y al final las salidas de casa se espacian en el tiempo y la vida, tan llena de experiencias queda más allá de sus posibilidades, y todo por que pusimos un escalón y nos olvidamos de que hay personas que no los puede subir.
Con mucha frecuencia, colocamos obstáculos que nos afectan a todos y para saberlo con seguridad solo hay que dejar pasar el tiempo.
Cuando pensamos positivamente en los demás, actuamos en nuestro propio beneficio, pues nosotros podemos encontrarnos por muchas causas en el lugar de los que sufren cualquier tipo de discapacidad, y quien sabe quizás ellos sean espejos donde alguna vez nos deberíamos mirar.

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