Vincomalos, el misterioso obispo visigodo enterrado en Bonares.

"Fue el primer obispo visigodo de la sede episcopal de Niebla, y por tanto de todo lo que hoy es la provincia, y se conoce su existencia por una lápida que apareció hace unos 25 años en un campo de Bonares (Huelva)

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Lápida de Vincomalos encontrada por casualidad hace 25 años en el paraje ‘Los Bojeos’ de Bonares.

Vincomalos, un enigmático personaje fallecido el 2 de febrero del 509, fue algo más que un obispo y un religioso, sobre todo por la gran cantidad de misterios que rodean la vida de alguien que seguiría siendo una incógnita su existencia si no fuese por una lápida hallada en medio del campo hace 25 años.

La historia de este obispo visigodo, entre la novela y la realidad, ha sido recogida por el onubense Ángel Becerra, que ya en su día investigó la biografía de Vincomalos, que acabó viviendo en su localidad natal, Niebla, en el libro “Recuentos”, y ahora publica con la editorial Manuscritos el libro “Nueve más cero”, donde se para a analizar la vida de alguien tan misterioso que ni siquiera se sabe exactamente que día nació del año 424.

La presentación del libro será el próximo viernes, 11 de noviembre, a las 20.30 horas en la Casa de la Cultura de Niebla (antiguo hospital Nuestra Señora de los Ángeles).

“Fue el primer obispo visigodo de la sede episcopal de Niebla, y por tanto de todo lo que hoy es la provincia, y se conoce su existencia por una lápida que apareció hace unos 25 años en un campo de Bonares (Huelva), con lo que su existencia está más que demostrada, pero habría que preguntarse por qué nos despierta tanta intriga”, explica al escritor, mientras señala los detalles de un libro de relatos que está rodeado de todo un halo de misterio.



“De este hombre no había rastro de su existencia en ningún documento, aunque de los obispos posteriores sí la hay”, señala el autor, que pone sobre la mesa que “podría haber asistido al segundo concilio de Toledo (año 527), pero no hay actas que recojan los obispos que asistieron a ese concilio, aunque, misteriosamente, a ese tendría que haber acudido Vincomalos, pero sí las hay de todos los posteriores”.

Ángel Becerra cree que el nombre del obispo puede definir ese misterio “porque Vincomalos significa ‘vencedor de los pecadores’ por lo que cabría preguntarse de qué forma venció a los pecadores para que llegaran a enterrarlo con ese nombre, o si le pusieron ese nombre porque los venció sanguinariamente y de forma radical”.

Sin embargo, en su lápida se encuentra la inscripción ‘Servus Christi’, la más antigua inscripción de esa frase que se conserva en Huelva, “por lo que nos preguntamos si tanto hizo por la fe cristiana y de qué forma lo hizo”.

Además Ángel Becerra ha investigado en un dato que entiende que es concluyente, “ya que el lugar de su enterramiento está completamente destruido, y allí existió una basílica, una villa, casas, cementerio, etcétera, y la duda es si fue destruida por sus enemigos, arrasada salvajemente por aquellos a los que él antes había perseguido”, con unos métodos que no siempre estarían en consonancia con la Iglesia católica.

La clave de todo es la misteriosa lápida encontrada por casualidad hace 25 años en el parajeLos Bojeos’ de la localidad vecina de Bonares y que se puede ver en el Museo Provincial de Huelva.

Esta lápida es la base de la investigación que ha hecho posible sacar adelante este libro, que incluye ocho relatos más “donde se recogen historias de venganza, amor fatal, el imposible, la búsqueda, el misterio, la tiranía vencida de un pueblo o la confrontación determinismo-libertad”.

Se trata de una nueva incursión en la literatura de este autor que, aunque nacido en Niebla, asegura que “vivo allí desde mucho antes”, con lo que define la pasión por esta localidad y su historia por parte de Becerra, licenciado en Humanidades y profesor, y que sostiene que “con este segundo aquelarre de relatos continúo la inercia literaria” impulsada por su primer libro.

“Es toda una aventura, donde plasmo sobre el papel mis años de investigación, mis inquietudes, mis ideas o mis fantasías, mezclado todo con el vicio de emplear el tiempo en cosas poco prácticas, como soñar o mirar el mar”, concluye Becerra. 

  • Fermín Cabanillas.

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