Y volvió.

"Vivencias"

Raul Delgado G.

Y volvió.

Y volvió, no porque a su puerta llamaran sus hijos, porque sus hijos entran sin llamar. Ese día que ya en la memoria queda, ese día que tu figura ensalzaron y tu amor proclamaron,  cuando todo quedó parado por tu amor prendado, y es que quien te vio no quiso ver mas nada, todo se quedó grabado, pensando tan cerquita al tenerte, que ya solo falta un año para así de nuevo verte.

Y volvió, a ver a sus hijos, no son dos, son miles, esos que sin más fortuna que tenerte, esos que esconden y disfrazan sus miserias con el rostro valiente de quererte, no temen más que a no verte, porque saben que eres puerto de bonanza y que mas da si sobra esa confianza de alabarte a tu paso o en los hogares, esos que en Bonares llevan tu Imagen bendita, esa que cada día espera la visita de sus hijos en la Ermita.

Y volvió, cuando se acabaron los días por contar con los dedos, porque más días no caben por contar y contar lo que se contó y se quedó ese día cuando los bonariegos te siguieron y te gritaron guapa y bonita, a ti que sin ti nada precede, a ti que para ellos tu amor se intercede, por el bien de los demás cuando solo para los demás se pide, sin mirar el orgullo propio y te piden mirándote a la cara porque bien te quieren y lo hacen solo a ti, que con el calor de tu compañía, calienta de la casa el frío y hasta ese escalofrío que se siente cuando te miran, porque bien te quieren niña guapa, madre de Juan y Santiago, Madre y Patrona, Excelsa Señora que sin ti el bonariego todo en su vida añora.

Y volvió la locura de amor por Ella, esa que solo se vive en Bonares, que sana  todos los males y luego ya no se cura; y que más da si dicen que allí se vuelven loco por esa bendita Mujer, se vuelven loco hasta que esa locura se dispara y ni el corazón la para; y que más da si no existe remedio para ese veneno que se siente al verla, veneno que por las venas se mete y no se disuelve y a quien lo coja, lo vuelve loco de alegría, desde la noche al día; y que más da si esa locura sabe que solo ella es la propia tortura, que no se remedia y además de todo un pueblo cura su miseria, sabiendo que cuando no se padece, se crea para que se tenga y en el corazón se retenga; y que más da si esa locura, esa locura de allí, si es cierto que no se cura y sale del alma cuando a Salomé se le mira y se mantiene la imagen en la retina, es la que te hace sentir  y te hace vivir.

Y volvió, cuando el día despertó alejando el agua de las nubes, porque el sol despertó para ti, porque si no se tiene se pierde, como se paró el aire, aire que me trae el recuerdo de ayer, cuando vi la cara de esa otra mujer por la que mi corazón suspira, que da a todo sentido y ese sentido que nadie lo toque, y que hace decirle a Santa María Salomé guapa, guapa que sale del alma con las lágrimas que del corazón solo salen cuando se ama tanto, y pienso con el permiso que me dan estas letras el porqué de una vida, cuando estas dos mujeres  se encuentran, para que si la vida ha decidido que juntas caminen desde el mismo punto de partida, porque esa mujer que es locura, ama y no oculta su silencio, sabe que desde la cuna tiene la fortuna de haber nacido en Bonares y sido mecida por su Santa querida.

"santa"

Santa María Salomé volvió a la ermita, foto SENUJAMA.

Y volvió, a ver a sus quintos, a ver a sus hijos, esos que en el balcón le cantaron, a esos que allí su voz dejaron, a esos que allí cerquita la tuvieron, sintieron y retuvieron, vieron y con sus dedos casi la tocaron, esos que esperaron dieciocho años de vida para realizar ese sueño de llevarte y retenerte, haciendo un hueco en el costero al nuevo compañero. De ellos salió la voz rota del quejío que sale por la garganta, que canta y te adora, que le dice a la madre que va de promesa, que hoy no se llora, que todo lo cura ella la reina y señora, Santa María Salomé, madre de los bonariegos, de esos que no suman cuatro voces, que son cientos, miles, cada uno a su manera como una familia entera, dando cobijo al que viene de afuera, para que la llama viva de esta tradición, permanezca viva en el corazón, sin importar mas nada ni nadie, donde todo se refleja a diario y de fondo Bonares el único escenario, un pueblo orgulloso de esa morena de pelo negro y piel blanca, de cara angelical y que cada año la llevan bajo sus hombros, los que están, los que con el corazón no pudieron y los que al cielo subieron. La llevan a Ella,  bello ramo de jacinto, madre de todos los quintos.

Y volvió, a hombros de sus quintos

esos que graban en sus hombros

el dolor del amor

porque ese día no hay dolor

todo es amor

amor por un encuentro

con una mujer carente de lágrimas en su mejilla

cara no hay ni más bonita ni más sencilla

gozosa que lleva a su pueblo en el corazón

 piadosa que los alimenta de su propia razón

que mece desde la cuna al bonariego en su regazo

curándolo de todo mal bajo el manto de su abrazo

mujer siempre presente en el hogar

presencia necesaria de su Santa a la que amar

Y volvió, porque yo también la vi, porque a tu lado fui a parar, cuando esa morena de ojos azules, Consolación bendita,  me dejó a tu verita. Te vi y solo sabemos los dos lo que nos dijimos, cuando todo se silencia ante tu presencia, tan cerquita allá en la altura, vi tu belleza pura y te dije gracias, por eso que tanto nos decimos, por eso que tanto sentimos.

Y volvió, a ver a quienes de Veroli vinieron y tu belleza admiraron, protectores de tu vida, guardianes de tu alma, hijos predilectos de camino recto que continúan tu palabra, esa que se hace sabia en la vida diaria, hermanos de confraternidad, hermanos de fe, hermanos unidos por un amor a Salomé.

Y volvió Ella, Santa entre las Santas, detrás un pueblo la siguió en su camino, cual viejo peregrino, sabiendo su destino. Pueblo que sabe encontrar paz y amor y por Ella proclama y guapa le canta, sin importar el si o el no de ese propio destino, si como sabiendo que a los pies de Jesús a morir vino, ese pueblo también quiere derramar el amor que exclama de su garganta para dejarlo a su planta.

Y volvió un año más Santa María Salomé, en el día señalado, que mas da de octubre o noviembre, recorriendo Bonares con su presencia, haciendo de todo su esencia, consolando a los presentes, calmando el dolor silente con su voz fina, esa que emana de su presencia divina, haciendo sentir a los que la vieron, pequeños por tanto amor eclipsado, al sentirla a su lado.

Y volvió…

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