Esta panorámica de Bonares, tomada allá por los años 60, nos devuelve a un tiempo de calles de tierra, casas encaladas, corrales abiertos y vecinos que se conocían todos por su nombre. En el centro, como siempre, la torre de la iglesia vigilando el paso de los años, viendo cómo el pueblo crecía despacio, sin prisas, como se vivía entonces.
En aquellas calles había menos coches, pero más conversaciones. Menos ruido, pero más vida en las puertas al fresco. Los niños jugaban donde hoy pasan los coches, y el campo empezaba prácticamente donde terminaban las últimas casas.
Mirar esta imagen es mirar a nuestros abuelos, a nuestros padres, a la historia de Bonares. Es recordar de dónde venimos para entender quiénes somos.
Porque un pueblo no es solo sus calles, sino la memoria de la gente que las caminó antes que nosotros.
Bonares, siempre Bonares.










